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ABIGAIL CARRILLO BLANCO

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Son los embajadores del deporte. Los símbolos del prestigio. Los Pumas, por estas horas, son el sinónimo del orgullo. El fantástico tercer lugar conseguido en el Mundial de rugby de Francia, que finalizó apenas días atrás, le dejó al seleccionado nacional una huella marcada en cada uno de sus corazones. El regreso a casa de los últimos soldados, nada menos que Agustín Pichot, el capitán que se aleja a lo grande, y Juan Martín Hernández, el talento que surge en su dimensión, ofició como auténtico disparador de las gratitudes nacionales.

Desde la mañana hasta la noche, desde que salió el sol hasta que la luna se posó, ellos y sus colegas de aventuras, ellos y el cuerpo técnico, ellos y cada uno de los hombres, que crearon este universo color Puma que excede el espacio del rugby, tuvieron un día de distinciones, de homenajes, de respaldo explícito por la tarea desarrollada semanas atrás. Mañana, tarde y noche, las robustas figuras se pasearon, de aquí para allá, dispuestos al reconocimiento general.

Diez minutos antes de las ocho de la mañana, el vuelo de Air France, directo de París, aterrizó suelo argentino con los ilustres hombres que faltaban, Agustín Pichot y Juan Martín Hernández, sorprendidos por el calor de un buen número de fanáticos, con el grito de batalla lanzado al viento en honor a los Pumas y más de un improvisado autógrafo a las apuradas. Más tarde, el medio scrum y el apertura se reencontraron con sus amigos de siempre; con el entrenador Marcelo Loffreda y con el manager, José Luis Rolandi, en el Hotel Panamericano, en la que la excusa resultó un puñado de sentencias con sentimiento de lo que pasó y lo que vendrá. Eran las 11.15, cuando se lanzaron las primeras palabras y, dos horas más tarde, luego de la formalidad, una exquisita comida fue el pretexto ideal para recordar anécdotas de triunfos recientes, de batallas ganadas contra los poderosos.

"Ha pasado poco tiempo desde que finalizó el Mundial, pero la sensación que me queda es que fuimos un equipo dentro y fuera de la cancha. Un equipo que se jugó todo. Me dolió no jugar la final, pero estoy contento con la medalla de bronce y satisfecho, porque se hizo todo lo posible por ser campeón", dijo Pichot. "El triunfo en el partido inaugural con Francia nos dio un gran envión anímico y nos hizo creer que podíamos. Este grupo se merecía lo que consiguió y mucho más. El tercer puesto es algo increíble", contó Loffreda.

Se demoró tanto la sobremesa, que los compromisos posteriores se reubicaron en la agenda. Más autógrafos, más fotografías de los pocos atrevidos que pasaron las fronteras. Cada uno de los hombres, vestidos con impecables trajes gris oscuro, camisa blanca y controvertida corbata rosa. "No la elegimos nosotros, que quede claro", fue la broma de Gonzalo Longo. Un ómnibus preparado especialmente para la ocasión, los trasladó a la cita más trascendente: la Casa de Gobierno. Allí, cerca de las 17.30, los Pumas fueron recibidos por la comitiva presidencial. Liderado por Néstor Kirchner, el presidente de la Nación, y secundado por Cristiana Fernández, esposa del primer mandatario y candidata presidencial en las elecciones del domingo próximo, el encuentro fue breve y emotivo. Kirchner y Cristina elogiaron el valor de los guerreros, y Pichot, en su nombre, agradeció la invitación. Hasta hubo un intercambio de camisetas y corbatas (ver aparte). En el encuentro, también estuvo Claudio Morresi, secretario de Deporte de la Nación.


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